Un Imperativo Político para 2025
El 2025 nos encuentra en un momento de incertidumbre y tensión política, un año electoral que se proyecta como un campo de batalla donde las continuidades y los cambios se entrelazan en un escenario marcado por la polarización. No se trata solo de la disputa por cargos o de la renovación parlamentaria, sino de cómo enfrentamos, desde la política, un tiempo donde la simplificación es una trampa y el maniqueísmo, un atajo peligroso.
Daniel Innerarity advierte que «la principal amenaza para la democracia no es la violencia o la corrupción, sino la simplicidad». Este llamado a la complejidad no es un lujo intelectual, sino una necesidad práctica. La democracia contemporánea se mueve en terrenos inciertos, y si hay algo que nos han enseñado O’Donnell y Oszlak es que la institucionalidad en América Latina no se limita a las normas escritas, sino que es el producto de interacciones, disputas y consensos construidos históricamente. Jessop nos recuerda que el Estado es un campo de lucha, no un actor homogéneo. Comprender esta heterogeneidad es clave para no caer en falsas dicotomías.
El discurso de odio que atraviesa el debate público, impulsado desde las más altas esferas del poder, lejos de ser una anécdota, estructura la discusión política. El ataque sistemático a minorías y la amenaza de retroceso en materia de derechos no pueden ser vistos solo como una estrategia electoral; son parte de una reconfiguración del espacio público y de las reglas del juego democrático. Mora y Araujo advertía hace poco sobre los peligros de los enfoques binarios y la bipolaridad de la opinión pública argentina, que reducen el debate a posiciones irreconciliables. La oposición a la barbarie no se construye con otra forma de simplificación, sino con el ejercicio de una política que abrace la complejidad y dialogue con lo diverso.
Algunas claves para empezar el 2025 sin caer en la trampa de la polarización:
- Entender los procesos, no solo los eventos: La elección no es un acto aislado, sino la continuidad de disputas políticas y sociales. Leer la coyuntura en clave histórica permite anticipar escenarios.
- No responder con el mismo tono: Combatir el odio con más odio es funcional a la estrategia de quienes buscan un escenario de «ellos contra nosotros».
- Sostener la discusión pública en múltiples planos: La política no es solo el Congreso o las redes sociales. Hay que volver a lo territorial, al cara a cara, al contacto real.
- Reivindicar la construcción de lo común: Las diferencias existen, pero la política es, ante todo, una práctica de convivencia.
- Pensar en el día después: No importa quién gane o pierda una elección; el desafío es cómo seguimos gobernando una sociedad fragmentada sin quebrar sus vínculos democráticos.
Abrazar la complejidad no es ceder, es reconocer que la política es un territorio de disputa, pero también de construcción. El 2025 nos desafía a evitar la trampa de las soluciones fáciles y apostar por una democracia que se atreva a pensar más allá de los titulares y las consignas.


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