El ajuste como doctrina: el recorte en el Concejo y la precarización silenciosa de la política

La reciente decisión de avanzar con la baja de alrededor del 30 % de los contratos en el Concejo Deliberante de Córdoba no es un hecho aislado ni meramente administrativo. Es un gesto político. Y como todo gesto político, expresa una concepción del poder, del saber y del rol de quienes hacen posible que la política funcione en democracias complejas.

Ver Achique en el Concejo: darán de baja al 30% de contratos en Diario alfil 19/1/25 por Yanina Soria https://diarioalfil.com.ar/contenido/19464/achique-en-el-concejo-daran-de-baja-al-30-de-contratos

La noticia, presentada bajo el eufemismo del “achique”, intenta ser narrada como una medida de eficiencia, de orden y de racionalidad fiscal. Sin embargo, lo que se esconde deliberadamente bajo la alfombra es otra cosa: la profundización de la precarización laboral de los auxiliares de la política. Politólogos, abogados, sociólogos, antropólogos, comunicadores, investigadores, jóvenes profesionales que sostienen cotidianamente el trabajo legislativo, el análisis normativo, el diseño institucional y la elaboración de políticas públicas.

No estamos ante un recorte cualquiera. Estamos ante una decisión que desvaloriza el saber político como tal.

En la Roma republicana, el cursus honorum no era un capricho elitista, sino un mecanismo institucional pensado para formar dirigentes con experiencia progresiva en la cosa pública. Se trataba de un recorrido obligatorio que combinaba formación, práctica y responsabilidad, evitando la improvisación y la incompetencia en el ejercicio del poder. El mensaje era claro: gobernar no era un derecho natural ni un talento espontáneo, sino una tarea que exigía preparación, tiempo y aprendizaje.

Ese principio, adaptado, sigue vigente en las democracias modernas. Como sostiene Daniel Innerarity, gobernar hoy implica lidiar con sociedades complejas, con problemas interdependientes, con saberes especializados y con incertidumbre estructural. La política contemporánea no puede reducirse al voluntarismo, al slogan o a la gestualidad antipolítica: necesita equipos, conocimiento experto y capacidades técnicas distribuidas.

Córdoba, sin embargo, parece avanzar en sentido contrario.

El recorte en el Concejo se inscribe en la misma línea discursiva que el presidente Javier Milei ha explicitado sin matices: la idea de que la politología, las ciencias sociales y los saberes vinculados a la política son prescindibles, improductivos o directamente dañinos. No es casual que la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) haya repudiado públicamente esas declaraciones, advirtiendo sobre el empobrecimiento democrático que implica atacar al conocimiento político como si fuera un gasto superfluo.

Lo preocupante es que el gobierno cordobés, con un tono más moderado pero con consecuencias muy concretas, está aplicando esa misma lógica. No se elimina la necesidad de la política: se eliminan a quienes la hacen funcionar desde abajo, desde la trastienda institucional. Se conserva la estructura de poder, pero se vacía de capacidades técnicas y se reemplaza experiencia por precariedad o silencio.

Nicolás Maquiavelo fue claro hace más de cinco siglos: la política es una técnica. No una moral abstracta ni una improvisación carismática, sino un saber práctico que se aprende, se perfecciona y se ejerce con conocimiento de causa. Despreciar esa dimensión técnica no hace a la política más pura ni más cercana a la gente; la vuelve más torpe, más opaca y más vulnerable a la arbitrariedad.

Los más perjudicados por este tipo de decisiones no son los dirigentes consolidados ni las élites políticas ya instaladas. Son los jóvenes profesionales que, con aspiraciones auténticas de transformar la realidad, eligieron formarse, especializarse y aportar desde la política. Son quienes creyeron que el compromiso cívico podía ser un camino de realización personal y colectiva, y se encuentran una y otra vez con contratos temporarios, sueldos bajos, inestabilidad crónica y ahora directamente con la expulsión del sistema.

El mensaje es devastador: la política no necesita saber, no necesita equipos, no necesita trayectorias. Solo necesita obediencia, relato y ajuste. Ver tambien:

Lejos de fortalecer la democracia, estas decisiones la empobrecen. Porque una política sin auxiliares capacitados no es más austera: es más ignorante. Y una democracia que desprecia a quienes piensan, analizan y diseñan políticas públicas es una democracia que renuncia a gobernarse a sí misma.

Córdoba no está modernizando su política. Está degradándola. Y lo hace, además, con el cinismo de presentar la precarización como orden y el vaciamiento como eficiencia


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