Lo que parecía tan inamovible en el gobierno de Javier Milei hoy se ve como maleable y discutido.

Que haya renunciado Lavagnga de la dirección del INDEC es una señal de que algo no anda bien entre el ejecutivo y la máxima dirección del organismo.

La política de máximo nivel interviene en la agenda del organismo: ¿Con qué prioridad se mide qué? ¿Cómo es la metodología (canastas, ponderaciones y bases de cálcuo)? ¿En que momento estrategico comunica el organismo publicando informes? ¿Cuál es la narrativa que se construye al rededor del dato?

La función del director es garantizar credibilidad interna y externa, y en el directorio se inscriben los directores de las direcciones de estadítica provinciales por lo que tiene una función de coordinación importante.

Al director lo nombra el Presidente de la Nación mediante decreto del Poder Ejecutivo y en la practica se hace a propuesta del Ministro de Economía.

La Ley 17.622:

  • Crea el Sistema Estadístico Nacional
  • Define funciones del INDEC
  • No fija un mecanismo autónomo de designación del Director

Los temas más cuestionados por obvservatorios privados y think tanks son la medición de la pobreza, la falta de correspondencia entre la canasta básica y lo que realmente necesita un hogar tipo para subsitir, las líneas de pobreza e indigencia, la medición de la inflación.

El gobierno dio señales de que quería alterar las metodologías de algunas de estas mediciones, y el director de IDEC funciona como fusible, su renuncia es una «hasta aca llego, no me pidas más».

Esto se da en el marco de la ratificación judicial, por descarte, de que las mediciones del kierchnerismo nunca fueron alteradas, ya que no hay en ningun juicio donde se diga que fueron invalidas. En el trascendido caso sobre el que se juzgó a Guillermo Moreno se recurrió a la ambigua y laxa figura de abuso de autoridad.

Por años quienes estudiamos lo público vimos reflejados en informes y estudios dos años de GAP, porque no se nos permitía utilizar las estadisticas oficiales de INDEC para ese periodo. Incluso las series de organismos internacionales como OIT que se basan en INDEC no publicaban el dato, como puede verse en ILOSTAT para el periodo.

Hoy nuevamente un halo de sospecha golpea el corazón del Estado en su sentido clásico:

El Estado se arroga la capacidad legítima de describir la realidad social y económica.

Estadísticas = capacidad estatal. Algo que está en la mira del gobierno de Milei, quien admite publicamente que su enemigo es el estado y que gobierna para expandir el dominio del mercado. Desconociendo que el mercado es una institución historica que se conforma por la forma de Estado, ya que requiere de la garantía de la propiedad privada y del tráfico económico por parte del Estado.

Pensar el INDEC Gate es pensar un problema complejo: ¿Tiene intenciones el gobierno de romper el IDEC? ¿Podría hacerlo? ¿Cuál es el límite?

Es probable que Milei no quiera renunciar al hecho de poder que implica tener estadísticas estatales porque la estadística es un lenguaje de poder.

Si hay una certeza: estas idas y vueltas muestran amateurismo, ensayo y error sobre la gestión de lo público. Y una flaqueza en el control de la narrativa, porque lo obliga a contradecirse en sus principios: anarcocapitalismo vs Estado.

El gobierno podría intervenir el INDEC en términos formales, pero no puede hacerlo en términos reales sin autolesionarse gravemente; el límite no es la ley, es la gobernabilidad.

Bueno, así parece que el Estado, al final, no es tan prescindible. A demás INDEC incide en la elaboración de las cuentas nacionales.

¿cuál es el límite real?

El límite es político, técnico y sistémico.

  • FMI
  • organismos multilaterales
  • mercados
  • calificadoras
  • estadísticas comparadas

Hoy, sin INDEC creíble:

  • no habría crédito
  • no habría programas
  • no habría negociación externa

Al golpear y poner en duda la medicón sobre inflación y otros datos económicos, se pone en tela de juicio el corazón del relato mileísta. Para el ciudadano es un «¿Si me miente en esto, en qué más me puede mentir?» A demás descreer del milagro económico que sostiene la narrativa mileista implica comenzar una cadena de dudas que el gobierno no quiere ni planifica tener que enfrentar.


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