Hoy más que nunca toca recuperar el valor de la conversación. Hablar. Y volver a hablar de los mismos temas, hasta que saturen o hagan una masa crítica intelectual.

Nuestra realidad, que está cada vez más mediada por los digital, a veces se presenta como «indiscutible» o «ineluctable». Porque «ya se dijo» algo. Bueno, con decir no alcanza.

Hay que construir sentidos, y eso requiere de algo que hablamos mucho con mi novia: «negociar sentidos». Como sostiene Wittgenstein, el lenguaje emerge en un juego, donde las reglas y los sentidos emergen. Se negocian.

Hace unos días leía un texto de metodología de la investigación para el doctorado, en el libro de Irene Vasilachis y encontré algo que me pareció hermoso.

En un pasaje se cita a un cuento de Borges: Funes el memorioso. Funes tenía una gran capacidad para recordar detalles y series interminables de numeros o cosas y una memoria casi infinita. Pero no tenía la capacidad de hacer generalizaciones, su mente no podía hacer abstracciones. Él se daba cuenta de que aunque «sabia» mucho, de verdad no se acercaba al Saber, al conocimiento.

Pensar es olvidar diferencias.

Pensar es olvidar diferencias es la frase textual de Borges. Me parece hermosa. Hoy donde las diferencias son cada vez más marcadas, sociales, de clase, de ingresos, del lugar donde naciste, de cuanto tenes para gastar al mes o a la semana… pensar es eso, olvidar diferencias. No por negarlas o para hacer como si no existieran. Sino para que dando cuenta de ellas, podamos construir ideas comunes. Y desde las ideas comunes hacer cosas comunes.

Ideas políticas, actos políticos. Discursos políticos.

En el contexto de sociedades cada vez más polarizadas afectivamente e ideológicamente (peronismo vs antiperonismo en Argentina) es muy importante recuperar estas ideas.

Olvidar diferencias y saturar las conversaciones. Esto es hablar, volver sobre temas complejos, repreguntar, rememorar. No basta decir «esto ya se habló» hay que constantemente actualizar el sentido y la conversación. No importa si es repetitiva, a veces para poder tener material para pensar y sobre el cual negociar sentidos es necesario de esos procesos de acumulación de sentidos.

No podemos esperar que a la primera lectura de un texto nos «quede todo» o «aprendamos como genios». Es necesario iterar la lectura. Y construir nuestrar interpretaciones también.

Otra frase magnífica de mi novia:

La fotografía lee y escribe el mundo.

Bueno, la política también, y es hermosa la analogía.

Leemos y escribimos con el lapiz, en un teclado, en una charla oral, en un acto de posicionamiento, usando la IA, entrenando nuestros algoritmos como clientes.

En el contexto de la cuarta revolución industrial lo que nos hace humano es esta falibilidad, esta posibilidad que se opone a toda forma de totalitarismo, el disenso, el conflicto. Pero también las instancias donde se negocia ese conflicto/consenso.

Identificar esas instancias en nuestra vida como líderes nos empodera para actuar y reactuar (actualizar el acto).

Entonces,

Pensar es olvidar diferencias. Y la política lee y escribe el mundo. Eso se negocia en instancias que determinan que la dinámica política tome un caracter, predominantemente conflictivo o consensual. Y ese sentido de la política es contingente.


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